Villar del Cobo es una bonita población de la provincia de Teruel, que forma parte de la Comunidad de Albarracín, situada en los Montes Universales, en la Sierra de Albarracín, con una población en torno a los 250 habitantes, que basan su economía en la agricultura y, sobre todo, la ganadería.

Una localidad con una dilatada historia, ya que su término representa un paso de sierra y un lugar montañoso, a los pies de la Muela de San Juan, siendo centro natural del paso de caminos entre las tierras de Guadalajara, Cuenca y Teruel (en la actualidad), así como límite de reinos (Castilla, Aragón, Comunidades de Albarracín y Molina de Aragón, y pueblos musulmanes en sus tiempos), además de poseer abundantes manantiales y terrenos para apacentar a los animales, medios de transporte en casi todos los tiempos, y ser zona de descanso entre territorios, lo cual justifica la importante situación del término.

El pueblo se asienta en la ladera de Las Peñas, al lado de La Lobera y enfrente de una de sus dehesas. En el mismo casco urbano se unen el río Guadalaviar y el río formado por los ríos Búcar y Griegos. Dos puentes unen los dos lados del pueblo. En sus orígenes creo que se debió de construir en la parte alta de la ladera de las Peñas, y que se tendió a construir hacia abajo a medida que aumentaba la población. Que es un pueblo antiguo no hay duda. Los pozos existentes en las casas del barrio alto así lo atestiguan. Pero creo que, en lo que respecta a la antigüedad, fue su término el que sirvió de referencia a íberos, romanos, pueblos musulmanes y reinos medievales. En otros tiempos Búcar, Pizquierdo, Codes,… fueron lugares habitados, así como Guadalaviar y Griegos, que en el s. XVII obtuvieron nombramientos como municipios.

Villar del Cobo está situado en un pequeño ensanchamiento fluvial entre tramos de diferentes hoces o cañones. El río Guadalaviar nace en la vertiente suroeste de la Muela de San Juan y canaliza su valle a través de una hoz que se junta con la del río Griegos en el mismo pueblo; este último río drena la vertiente noreste de la Muela de San Juan y poco antes de las Casas de Búcar comienza a encajarse en las calizas jurásicas con forma ligeramente ameandrada.

Aguas abajo del pueblo comienza el gran cañón del río Guadalaviar, en el que el curso de agua prácticamente desaparece filtrándose en los sedimentos del estrecho cauce, bordeado de imponentes murallas verticales de caliza de unos 100 m de altura, desnivel que aumenta de forma considerable a medida que el río se va introduciendo hacia el este, superando los 250 m en el Salto de Pedro Gil, con un espectacular trazado meandriforme, que puede ser observado desde varios puntos de la carretera de Villar del Cobo a Tramacastilla. Otros cañones laterales forman el barranco del Rollo y del Horcajo, para adaptarse al nivel tan bajo que presenta el valle principal.

Hay otros elementos geomorfológicos característicos de medios de fuerte disolución de las calizas como son los paisajes de dolinas y poljes. Las primeras son depresiones subcirculares, de las que podemos diferenciar dos tipos. Por una parte, hay dolinas profundas, con forma de embudo y bordes abruptos, de las que hay los mejores ejemplos en el NE de Villar del Cobo, junto al valle del río Griegos. Se trata de 5 grandes depresiones abiertas en los reversos de estratos calizos de las cuestas de Codés, que alcanzan profundidades de 90-100 m y diámetros de hasta 900 m; estas «celadas», como se las llama localmente, se han formado por el colapso de cavidades subterráneas producidas por disolución de las rocas carbonatadas. Sus paredes abruptas están tapizadas de canchales de pequeñas lajas de caliza y sabinas rastreras que se estiran hacia el interior de la dolina. En el interior de dos de ellas hay bosques de pinos silvestres, y una de ellas, la más espectacular, presenta un embudo interior que sirve de sumidero por donde se produce la salida del agua y parte de los sedimentos en momentos de lluvia.

Otro tipo de dolinas, muy abundantes aunque de menor tamaño se extienden por encima de las extensas superficies amesetadas correspondientes a una superficie de erosión muy bien conservada, a 1.600-1.650 m. de altura, sobre las dolomías del Jurásico inferior (Lías), al norte de Villar del Cobo, extendiéndose hasta el cañón del río Garganta. Son dolinas producidas únicamente por disolución, presentando forma en artesa, que se alinean siguiendo fracturas de la roca y que en parte han sido capturadas por la red fluvial. Sus fondos planos son arcillosos y gran parte de ellas se aprovechan para el cultivo, siendo campos de tonos rojizos que destacan claramente sobre la paramera grisáseca calcárea.

Un ámbito de excepcional interés paisajístico y científico son los poljes o depresiones fluviokársticas situados al sur de Villar del Cobo. Este sistema de poljes tiene origen estructural, en grandes fallas generadas en el Plioceno superior con dirección dominante norte-sur, en cuyo interior se fueron modelando en varias etapas unas depresiones alargadas con el fondo cubierto de arcillas de descalcificación, de manera que son también áreas de intensa ocupación agrícola. Son las depresiones del Rollo, río que discurre por su fondo y que sale mediante una profunda entalladura hacia el norte para unirse al Guadalaviar, de la Capitana, de la Cañada, de la Melchora, de la Navaseca y del Navazo, con longitudes entre 0.5 y 4 Km. En sus laderas marginales existen varios escalones rocosos modelados a lo largo de la evolución cuaternaria de este sistema de poljes, en que han ido variando de número, dimensiones y forma. Desde el puerto del Navazo, en la carretera de Frías al alto Tajo, se puede tener una buena visión de conjunto de este tipo de morfologías, que junto a las dolinas mencionadas son de lo más espectacular existente en España. Existen otros parajes donde se combina el relieve con el atractivo de los bosques de pinos silvestres y la presencia de fuentes, como es la Fuente Coveta, en las cercanías de las Casas de Búcar.
El encajamiento del río Guadalaviar en esta parte de su curso permite la presencia de diferentes aves rupícolas, como buitre leonado, alimoche, águila real, etc., que comparten el espacio con pinares, rebollares y más frecuentemente con sabinares, que tratan de colonizar las laderas pedregosas de la zona.

La iglesia de las Santas Justas y Pastor, construída a finales del siglo XVI, es de una nave cubierta con bóveda de crucería con capillas entre los contrafuertes y cabecera es plana. Algunas de las capillas fueron realizadas por Alonso Barrio de Ajo en torno a 1599. En 1604 este cantero, junto a Lorenzo del Camino, levantaron a los pies del edificio una torre de planta cuadrada, actualmente coronada por un remate octogonal. El templo posee además uno de los atrios más interesantes de la provincia de Teruel. Debió pertenecer a la iglesia anterior y se compone de dos zonas cubiertas, dando una a la calle y otra a un espacio vallado abierto delante de la iglesia. Ambas zonas se comunican a través de una bella puerta de arco de medio punto enmarcado con un alfiz de tradición gótica, tradición que también está patente en los esbeltos pilares que sostienen una estructura de madera decorada con gran simplicidad.

El ayuntamiento de Villar del Cobo, uno de los mas tempranos de la sierra de Albarracín, posee lonja abierta con un solo arco muy rebajado y elementos decorativos de tradición gótica. Lamentablemente sufrió una reforma en 1966, que lo ha desvirtuado completamente.

En sus calles aparecen notables ejemplos de arquitectura popular, así como casonas nobles como la casa de los Fernández del Villar, con interesantes rejerías y galería abierta bajo el alero decorada con pinturas de carácter geométrico.
En la ermita de la Virgen del Rosario se distinguen dos tramos diferenciados, el primero cubierto con techumbre de madera y el de la cabecera, cubierta con bóveda de medio cañón con lunetos. Sus elementos decorativos parecen datarla en el siglo XVII.

También se localizan en esta localidad otres ermitas dignas de mención, como son la de San Sebastián, la de San Roque, en el cementerio viejo, y la de la Purísima Concepción, actualmente en ruinas. Por fín, en el despoblado de El Búcar, a tres kilómetros de la población, se encuentra la ermita de Santa María Magdalena cuya tipología permite datarla en el siglo XV.
Las tradiciones festivas de la localidad giran en torno a dos ejes: la presencia del toro como elemento básico de las fiestas patronales y la pervivencia del canto de los mayos en primavera.

Los santos Justo y Pastor y Nuestra Señora del Rosario se honran el fin de semana más cercano al 2 de julio y uno de los días es conocido como «día del toro». Al igual que en otros pueblos de la sierra de Albarracín, de profunda afición taurina, por la mañana se efectúa el encierro, yendo a buscar los novillos con caballos y trayéndolos a pie por el campo hasta la plaza de toros, construida aprovechando la pendiente del monte como graderío. Mientras tanto los jóvenes van por las casas a «pedir la torta», antigua costumbre tras la cual celebran una gran merienda con lo recogido. Por la tarde se celebra la novillada y al día siguiente uno de los animales se guisa para ser consumido en una comida popular y el otro se reparte entre todos los vecinos.

El 22 de julio tiene lugar la romería a la ermita de la Magdalena, a unos 3 km de la población. También acuden Griegos y Guadalaviar, y la intención de unión comunitaria y estrechamiento de los lazos de hermandad entre vecinos priman, como va siendo habitual en muchos casos, sobre las motivaciones puramente religiosas.